parashat qorach SPANISH
La porción de la Torah leída en sinagogas en todo el mundo en esta semana es Parashat Coré (Qorach). Parashat Coré se encuentra en Números 16:1 al 18:32. Aunque una porción de la Torah lleva el nombre del Sr.Coré, este hombre no fue ningún héroe. Parashat Coré se centra en las terribles consecuencias causadas por la rebelión de este hombre. Leamos la descripción de la mortandad que sucedió a la rebelión de Coré, en Números 16:41-49:
El día siguiente, toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón, diciendo: Vosotros habéis dado muerte al pueblo de Jehová.Y aconteció que cuando se juntó la congregación contra Moisés y Aarón, miraron hacia el tabernáculo de reunión, y he aquí la nube lo había cubierto, y apareció la gloria de Jehová. Y vinieron Moisés y Aarón delante del tabernáculo de reunión.Y Jehová habló a Moisés, diciendo: Apartaos de en medio de esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros.Y dijo Moisés a Aarón: Toma el incensario, y pon en él fuego del altar, y sobre él pon incienso, y ve pronto a la congregación, y haz expiación por ellos, porque el furor ha salido de la presencia de Jehová; la mortandad ha comenzado. Entonces tomó Aarón el incensario, como Moisés dijo, y corrió en medio de la congregación; y he aquí que la mortandad había comenzado en el pueblo; y él puso incienso, e hizo expiación por el pueblo, y se puso entre los muertos y los vivos; y cesó la mortandad.Y los que murieron en aquella mortandad fueron catorce mil setecientos, sin los muertos por la rebelión de Coré.
Las Escrituras hablan acerca del pueblo de Israel murmurando, y la rápida destrucción que vino después. Esta triste parte de la historia de Israel sirve como advertencia también para los no judíos. 1 Corintios 10:1-11:
Porque no quiero, hermanos, que ignoréis que nuestros padres todos estuvieron bajo la nube, y todos pasaron el mar;y todos en Moisés fueron bautizados en la nube y en el mar, y todos comieron el mismo alimento espiritual, y todos bebieron la misma bebida espiritual;porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo. Pero de los más de ellos no se agradó Dios; por lo cual quedaron postrados en el desierto. Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron.Ni seáis idólatras, como algunos de ellos, según está escrito: Se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a jugar.Ni forniquemos, como algunos de ellos fornicaron, y cayeron en un día veintitrés mil.Ni tentemos al Señor, como también algunos de ellos le tentaron, y perecieron por las serpientes. Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y perecieron por el destructor. Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.
En los tiempos del apóstol Pablo, la historia de la interacción de Israel con Dios, como es encontrada en las escrituras de Israel, se había convertido en la historia también de los gentiles. Los primeros gentiles que estudiaron esta historia se vieron a si mismos como una nación con Dios, una mera continuación junto al pueblo de Israel. La mayoría de los cristianos han creído que cuando uno se hace partícipe de la historia del pueblo de Israel, uno también participa de las bendiciones que pertenecen a Israel. El apóstol Pablo dice que los gentiles ahora comparten la comida y bebida espiritual de Israel, y también la inmersión espiritual de Israel. Esta parte de la experiencia espiritual de Israel los cristianos no tienen problemas en aceptarla. Sin embargo, la participación en la historia de Israel no es solo recibir los beneficios de Israel. El apóstol Pablo también agrega (1 Cor. 10:11):
Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos.
Del mismo modo que los cristianos comparten las bendiciones de Israel, los cristianos también comparten las amonestaciones de Israel. Cuando Pablo dice que todas cosas que acontecieron en la historia de Israel son ahora un ejemplo para los gentiles, el también menciona los desastres nacionales de Israel. La historia de Israel no está limitada solo a una continuidad de bendiciones. La historia de Israel está llena de desobediencia y desastres: los israelitas adoraron al becerro de oro, y veintitrés mil personas perecieron en un día. Israel pecó contra Dios y murieron por picaduras de serpientes en el desierto. Los hijos de Israel murmuraron contra Dios después de la rebelión de Coré, y más gente pereció. Todos estos tristes capítulos de la historia de Israel se aplican a los cristianos de hoy en día.
Antes de que Dios llamara a los gentiles a formar parte de su pueblo, El no había tenido en cuenta sus lujurias e idolatría. Pero cuando los gentiles se incorporaron como parte de la historia de Israel, ellos también comenzaron a ser responsables de sus acciones. Jesús mismo menciona que los gentiles comparten los pecados y castigos de Israel. Los hijos e hijas adoptivos de una familia no son inmunes al castigo de sus padres. Cuando los gentiles se convierten en parte de la familia de Dios, ellos también son disciplinados como el resto de sus miembros. Sin embrago, muchos cristianos hoy en día ven los castigos sufridos por el pueblo de Israel como una señal de que Dios los rechazó como su pueblo elegido, pero un poco de reflexión sobre este punto debería echar por tierra semejante falacia. El castigo, en realidad, es un indicador de una relación familiar. Hebreos 12:5-8:
y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
Cuando mis hijos, juntos a sus amigos, los hijos del vecino, se meten en problemas por sus travesuras, ¿a quien castigo yo? ¿Voy directo hacia los hijos de mi vecino? ¡Por supuesto que no! Yo solo castigo a mis hijos. Si usted estuviera presenciando la escena, seria muy claro solo con un vistazo descifrar cuales son mis hijos, y cuales no. El hecho de que yo estoy castigando a mis hijos no significa que yo los estoy rechazando, por el contrario, esto prueba de que es mi responsabilidad la crianza y enseñanza de ellos.
Los profetas de Israel también entendieron perfectamente la relación entre familia y castigo. El profeta Amós (3:2) declaro a Israel:
A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra; por tanto, os castigaré por todas vuestras maldades.
El motivo por el cual los gentiles no fueron castigados en esta ocasión es que Dios no tenía ninguna relación de pacto formal con ellos en ese momento. Durante los tiempos de Amós, Dios no “conocía” las otras familias de la tierra, Dios solo “conocía” a Israel. Como el salmista (sal.147:19-20) lo dijo:
Ha manifestado sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel. No ha hecho así con ninguna otra de las naciones; y en cuanto a sus juicios, no los conocieron.
Desde Abraham y Sarah hasta el Mesías, Israel fue hijo único, y solamente Israel recibió correcciones divinas. Pero no importa cuan terrible el pecado y cuan severo el castigo, Dios nunca rechazó a su pueblo. El profeta Oseas comparo a Israel con una esposa adúltera, de la cual su esposo se separo un tiempo, a la cual nunca dejó de amar y que eventualmente la recibe de nuevo. Dios nunca se divorcia de Israel. El profeta Isaías describe a Dios como a un esposo que llega al límite de su paciencia, el cual manda a su esposa a la casa de sus padres. Después que ella se va, su enojo disminuye, y el resuelve traerla de nuevo a su casa, Isaías 54:6-8
Porque como a mujer abandonada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como a la esposa de la juventud que es repudiada, dijo el Dios tuyo. Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias.Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor.
La Biblia enfatiza que por debajo de las explosiones de frustración, por debajo de “un poco de ira” de la cual habla Isaías, corre el río del amor de Dios, profundo y fuerte. La ira de Dios para con Israel dura solo un momento breve, pero su amor y lealtad duran para siempre. La relación entre Israel y Dios siempre estuvo llena de altibajos; Israel no siempre le fue fiel a Dios, pero el culpable siempre fue Israel, Dios nunca abandonó a su pueblo. Como Pablo afirma en Romanos 11:28-29
Así que en cuanto al evangelio, son enemigos por causa de vosotros; pero en cuanto a la elección, son amados por causa de los padres. Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios.
El apóstol Pablo nos dice aquí que el hecho de que Israel era el pueblo elegido, no estaba condicionado a un buen comportamiento. La elección de Dios no dependía de cómo o que tenía Israel para ofrecerle. La elección de Dios ha sido siempre un caso de amor incondicional; gracia pura. La Torah es muy clara al respecto (Deut.9:4-6):
No pienses en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: Por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja de delante de ti. No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, sino por la impiedad de estas naciones Jehová tu Dios las arroja de delante de ti, y para confirmar la palabra que Jehová juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.
Desafortunadamente, muchos cristianos se han apropiado de la historia de Israel de una forma inadecuada. Estos cristianos se han apoderado de los beneficios prometidos a Israel, pero no de las admoniciones. En lugar de (1Cor.10:11) “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo”, muchos cristianos han sido muy selectivos acerca de cuales historias de Israel deberían aplicar a sus vidas. Durante la Edad Media, los cristianos tenían una regla de cómo interpretar los sucesos de Israel: Rupert de Deutz [Patología Latina 167:1379] expresó “Todas las cosas buenas en la Biblia se refieren a Jesucristo y a la Iglesia. Todas las cosas malas en la Biblia se refieren a los Judíos.”
Aunque los cristianos no expresaron este procedimiento en una regla formal, en la práctica ellos leían la Biblia de una forma esquizofrénica. Los cristianos removieron las admoniciones, amenazas, exhortaciones y castigos de su contexto, y los tomaron como una caracterización general de los judíos. De acuerdo a esta lectura demencial, la historia de Israel es una de apostasía, y más apostasías: los judíos nunca respondieron al amor de Dios y nunca prestaron ni la más minima atención a los profetas que El les envío. Los cristianos revirtieron los registros escritos de auto crítica de los judíos en una denuncia sin remordimiento de los judíos. De acuerdo a esta lectura estólida, las historias de arrepentimiento, las expresiones de esperanza, las liberaciones y bendiciones, son historias de proto-cristianos quienes vivieron antes del Mesías, o son promesas para los futuros cristianos. Los aspectos positivos de los registros bíblicos son estrictamente cristianos; los negativos son estrictamente judíos. Esta lectura esquizofrénica fue hecha para una iglesia más allá de la crítica y un pueblo de Israel sin redención.
¿Como puede ser que los cristianos hayan desarrollado esta forma retorcida de lectura de la historia del pueblo de Israel? Básicamente, fue porque los cristianos no se veían a sí mismos en términos de elección divina, se veían como una asociación voluntaria, no como una comunidad elegida por Dios para un servicio especial. Porque los cristianos no se identificaron en términos de elección divina, buscaron sus propias marcas de identidad.
Algunos cristianos buscaron distinguirse por un tipo particular de conversión psicológica. Otros cristianos trataron de distinguirse por sus estándares morales superiores. Otros cristianos trataron de ser diferentes por sus interpretaciones particulares de las profecías bíblicas. Otros cristianos trataron de diferenciarse por ser descendientes de misioneros y mártires importantes. Otros, por sus evidencias de milagros y sus tácticas específicas usadas en batallas espirituales. Otros cristianos buscaron distinguirse por ser los únicos por preservar sus ideas religiosas sin cambios a través de los años, por tener las tradiciones más antiguas, o por poseer las doctrinas más puras.
Ahora bien, podemos reconocer que algunos de estos rasgos distintivos pueden ser bastante útiles. Experiencias subjetivas pueden ayudarnos a interiorizar nuestra relación con Dios y a unir más nuestra familia. Estándares morales altos son necesarios si nos ayudan a interactuar mejor con nuestros prójimos. Ser descendientes de pioneros cristianos puede ser una gran inspiración para ayudarnos a adentrarnos con el evangelio en nuevos territorios. Poseer una doctrina o credo formal es de ayuda si articula nuestra relación con Dios en términos que son coherentes para con nuestros cristianos contemporáneos. Sin embargo, el haber adherido nuestra identidad cristiana a cualquiera de estas características religiosas no ha sido una buena idea.
Cualquiera sea la característica de identidad que los cristianos eligieron, el resultado final fue la exclusión de judíos y de otros cristianos de sus feligresias. Cuando un grupo de personas se eligen a ellos mismos como un ejemplo o meta a seguir, la mayoría de las otras personas no son consideradas lo suficientemente aptas. El precio que se ha pagado por tener una identidad propia fue, como resultado, tener más y más divisiones. Los cristianos nos sentido compelidos a ilegitimizar cualquiera que no compartiera nuestra perspectiva particular.
Algunos meses atrás yo estaba conversando con otro pastor adventista. Durante el curso de nuestra conversación descubrimos que nuestros puntos de vista con respecto a la Epístola de los Romanos era muy diferente. El pastor me dijo: “Bueno, si usted no lo interpreta de esa manera yo si lo interpreto así, y por lo tanto usted pastor Lippi no debería pertenecer a mi iglesia.” Realmente espero que aquel pastor no lo haya dicho seriamente. De todos modos, este simple hecho demuestra una actitud muy común: Muchos cristianos a menudo piensan que el hecho de pertenecer al cuerpo de Cristo significa que debemos interpretar y pensar todos de la misma forma.
Ahora en un nivel mas personal, todos los cristianos admitimos que hemos pecado, pero creemos que Dios esta siempre dispuesto a perdonarnos y borrar todas nuestras transgresiones. Porque reconocemos que el amor de Dios es incondicional, nos sentimos libres para confesar abiertamente nuestros pecados personales sin temor a ser rechazados.
Desafortunadamente, algunos cristianos no piensan que Dios trata a las iglesias y sinagogas de la misma manera incondicional en que trata a las personas en forma individual. Algunos cristianos suponen que la aceptación de Dios de iglesias y sinagogas es condicional, basada en una fe perfecta y una enseñanza sin falla. Para esta gente, el error institucional equivale a rechazo divino. Por eso, para estas personas es casi imposible reconocer que iglesias y sinagogas con serios errores teológicos son sin embargo instrumentos escogidos por Dios, con el mandato de esparcir el Evangelio a un mundo moribundo.
El precio que pagamos por tener una identidad cristiana particular no es solo el tener divisiones. El precio de tener una identidad separada es también la impenitencia. Comunidades cristianas son obstinadas porque no creen que Dios perdona los pecados comunales. Con su teología, ellos consideran que el hecho de tener pecados grupales es sinónimo de que Dios se ha separado y olvidado de ellos.
Cuando gente con este miedo al rechazo está convencida que cambiar es absolutamente necesario, lo que hacen es separarse del cuerpo religioso principal y comenzar una nueva denominación. Esto les proporciona un comienzo de cero. El único mecanismo que tienen las personas que piensan que corregir los errores significa rechazo, es la desconexión de su pasado institucional. Ya que ellos consideran que Dios no perdona el pecado institucional, ellos encuentran la forma de que Dios los perdone perteneciendo a otra institución.
¿De donde proviene ese terrible miedo al rechazo? Este miedo se remonta al supersesionismo, a la teología del reemplazo. La teología del reemplazo enseña que Israel pecó y se equivocó demasiadas veces, y que Dios reemplazó a Israel por el cristianismo. Cuando los cristianos pecan una y otra vez, ellos también son reemplazados como Israel. La teología del reemplazo enseña que el amor de Dios por las comunidades es condicional y depende de sus comportamientos. Esta teología enseña que cuando la comunidad elegida esta en infracción, Dios la des-elije y empieza todo de nuevo con otro grupo de personas. La teología de reemplazo enseña que Dios termina su parte del pacto eterno cuando la otra parte involucrada falla en algún punto. De acuerdo con la teoría de reemplazo, la santa esposa está siempre al borde del divorcio, y los hijos e hijas de Dios están siempre por ser desheredados y echados de su hogar. La elección es precaria: ¿Tal vez Dios nos va a tratar del mismo modo en que imaginamos El ha tratado a todos los que nos han precedido? Con la teología de reemplazo vivimos en un miedo constante.
He predicado en otros lugares acerca de cómo la teología de reemplazo ha causado que muchos cristianos deslegitimasen el judaísmo, degraden y demonicen a los judíos, y finalmente que trataran de exterminarlos. Adicionalmente, la teoría de reemplazo ha dañado la imagen propia de los cristianos. La teología de reemplazo ha torcido la eclesiología, ha desviado la forma en que los propios cristianos ven a su iglesia.
Si Dios estuviese por rechazar a la Iglesia y encargar nuestra misión a alguien mas, entonces debemos estar listos para abandonar el barco en cualquier minuto, sin previo aviso. Nosotros no deberíamos invertir demasiado en este barco, ya que se puede hundir en cualquier momento. Donde sea que los cristianos entran en desacuerdos, inmediatamente deberían separarse de esa gente de la cual Dios se esta alejando. La lógica detrás de la teología de reemplazo conlleva al faccionalimso/seccionalismo.
Cuando los cristianos vemos a nuestros prójimos como competidores, no nos tenemos paciencia, no corregimos las faltas con amor cristiano, no practicamos la responsabilidad mutua. No lloramos y nos regocijamos juntos. Cuando otro grupo de judíos o cristianos caen en pecado y en error, es difícil para nosotros el entristecernos sinceramente. Cuando sea que la competencia se equivoca, esto aumenta las posibilidades de que nosotros atrapemos algunos de sus descorazonados miembros. ¿Como podemos estar tristes si su perdida es nuestra ganancia?
Para entender la elección bíblica, tenemos que prestar atención a la diferencia entre una religión y una familia. Una religión es una asociación voluntaria de individuos con ideas similares, los cuales sirven un dios específico de una manera determinada. Uno puede pertenecer o no, en cualquier momento que uno lo desee así. Si no nos gusta lo que la gente esta haciendo, podemos ir y formar parte de otro grupo y desempeñar una función diferente en ese lugar. El pertenecer a una asociación voluntaria es condicional: depende de las circunstancias. Gente va y viene de diferentes asociaciones voluntarias a medida de que sus intereses e ideas van cambiando. Uno siempre puede cambiar su afiliación religiosa si cambia de ideas. La decisión depende de uno.
El pertenecer a una familia es muy diferente. Uno no puede optar el pertenecer o no a su familia. Buena o mala, la familia es la familia. Cuando la familia prospera, los estándares de vida de uno mejoran. Cuando la familia esta triste, esto le afecta a uno también. Inclusivo cuando la familia es abusadora, uno no tiene la opción de cambiarse a una familia mejor. El ser parte de una familia es permanente e incondicional, porque la decisión de formar parte de ella, ante todo, no fue una decisión propia.
Yo no pienso que es accidental que cuando la Biblia habla de la relación de Dios con sus hijos, la Biblia habla en términos de familia, no en términos de asociación voluntaria. Los hijos de Israel son los hijos e hijas de Dios. Israel es la Esposa de Dios; la Biblia habla de la casa de Israel. Estas son todas relaciones familiares, no asociaciones voluntarias. Todas estas relaciones son indeleblemente permanentes.
Nosotros como cristianos, debemos vernos como los judíos se ven a si mismos: Israel ha sido siempre más una familia que una religión. Evidentemente, Dios deseaba una familia la cual no lo abandonara fácilmente. El ordenó que el signo de su relación fuera involuntario e irreversible. La circuncisión infantil masculina es la señal permanente de que Israel no se auto postuló para ser el pueblo elegido. Nosotros, cristianos, también hemos sido llamados por Dios para servirle, así nos agrade o no. Nosotros somos cristianos, aunque a otros cristianos esto no les plazca. Nosotros somos hermanos y hermanas cuando nuestra familia nos hace felices, y también cuando nuestra familia nos produce vergüenza. Somos los hijos de Dios tanto cuando caminamos bajo su sonrisa, o cuando somos reprendidos por El. Como Jesús les dijo a sus discípulos:
No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé(Juan 15:16)
Nosotros somos cristianos por lo que Dios ha hecho, no por lo que nosotros hemos logrado. Especialmente, algunas veces el trato que recibimos es consecuencia de nuestro propio comportamiento. Pero nuestra identidad está basada en que Dios nos eligió a nosotros, no nosotros haberlo elegido a Él. Como el apóstol Pablo dijo en 1ª de Corintios 10, las cosas buenas y malas que le pasaron a Israel son todos ejemplos para los gentiles seguidores de Jesús. La Iglesia es partícipe de toda la historia de Israel, no solamente de algunos episodios selectos.
El hecho de que nuestra identidad está en las manos de Dios es en realidad un gran favor divino. Esto significa que no necesitamos manufacturar nuestra identidad. No necesitamos tener los misioneros más inteligentes, las tradiciones eclesiásticas más antiguas, los estándares morales más rígidos, los mártires más reconocidos, los milagros más espectaculares o los profesores de teología más infalibles. No necesitamos menospreciar a nadie, ni necesitamos competir con nadie para tener un lugar especial en el plan de Dios. No necesitamos preocuparnos por mantener un supuesto monopolio eclesiástico. Simplemente podemos regocijarnos por la forma en que Dios nos ha dirigido en el pasado, y debemos ponernos a trabajar rápidamente en la misión especial que Dios nos ha encomendado. Si poseemos pecados institucionales, debemos confesárselos a Dios y El es fiel y justo para perdonar nuestro pecado institucional, sin nosotros tener que separarnos de la iglesia. ¡No necesitamos desmembrar nuestra familia con el fin de arreglar nuestra casa! ¿No creemos verdaderamente que estas son noticias maravillosas?
Nuestra identidad esta en las manos de Dios, por eso no corre ningún peligro. Nuestra identidad no esta unida a nuestro conocimiento teológico actual, nuestro comportamiento, o nuestro nivel de performance espiritual. Todo ese tipo de factores están sujetos a cambiar (creemos que todos estos cambios van a ser para mejor), pero para lo que Dios nos ha elegido es más trascendental que todo eso. Dios no va a rechazarnos por confesar nuestros pecados, y la iglesia no va a desaparecer porque nosotros arreglemos o mejoremos una parte de ella. ¡En realidad, nosotros estamos en libertad de hacer lo que creamos debe hacerse!
Para las personas las cuales su sentido de identidad se ha forjado en comunidades religiosas de tipo “el ganador se lleva todos los laureles”, la idea de elección divina no va a ser un punto de asimilación rápida. ¿Como se supone que yo coopere con otros hermanos si ellos no piensan de la misma forma que yo? ¿Como voy a interactuar con personas que tienen culturas diferentes a la mía? ¿Como voy a hacer para participar en una comunidad en donde hay mucha apostasía? ¿Como puedo identificarme con otras personas las cuales siguen falsos cristos?
Mi respuesta para ustedes es que, como parte del remanente del tiempo del fin, los adventistas del séptimo día, judíos y cristianos en general deben seguir el ejemplo de los profetas bíblicos.
En Israel antiguo, los profetas expresaban su lealtad permaneciendo unidos al pueblo de Dios, el cual se estaba desintegrando. Porque ellos siempre estuvieron “adentro” del pueblo, sus advertencias eventualmente alcanzaban los corazones de la gente. Sin embargo, durante el transcurso de sus vidas, los profetas sufrieron castigos y severas consecuencias por precisamente los pecados que ellos ya habían condenado: Ezequiel fue deportado y murió en exilio; Jeremías fue secuestrado por judíos rebeldes y murió en Egipto. Los profetas no exigieron ninguna inmunidad diplomática. Los profetas no le pidieron a Dios recibir ningún tratamiento especial, y tampoco recibieron semejante cosa. Los profetas no se fueron y comenzaron un Israel nuevo, un Israel reformado o un Israel más puro. Los profetas no dejaron a Israel cuando esta nación estaba al borde del abismo. Los profetas no se desasociaron de la apostata Israel. Los profetas permanecieron con los hijos desobedientes de Dios y sufrieron las consecuencias al lado del los culpables.
Lo mismo es cierto con respecto a los apóstoles. De acuerdo a 2 Corintios 11:24, en cinco ocasiones el apóstol Pablo sufrió el castigo de la sinagoga de cuarenta azotes menos uno. Cuarenta menos uno era la disciplina máxima que la comunidad judía de la primera centuria podía imponer a sus miembros. ¿Se ha detenido usted alguna vez a considerar por qué Pablo se sometió al dolor y humillación de semejante castigo público en cinco ocasiones diferentes? La mayoría de los cristianos hoy en día dirían: “si esa gente me tiene tan poco aprecio, simplemente transfiero mi membresía a algún otro lado donde mis talentos puedan ser mejor usados”. ¿Por qué Pablo se quedó sufriendo en las sinagogas, cuando claramente los líderes de las sinagogas estaban obviamente equivocados y el claramente estaba en lo correcto?
La respuesta es que para el Apóstol Pablo, la sinagoga era un sinónimo de hogar. Para Pablo, la sinagoga no era una religión o una asociación voluntaria. Nunca se le cruzó por la mente el renunciar porque el fue malinterpretado y maltratado. Uno no renuncia a su familia. Correcta o equivocada, la familia es la familia.
Lo mismo es cierto con respecto a Jesús. Jesús fue ejecutado por los romanos como un insurgente político. La crucifixión, como ustedes saben, era el castigo reservado para los conspiradores y sediciosos. Jesús fue crucificado junto a otros dos insurgentes que habían sido apresados los cuales son llamados “listis” en griego (ληστής) “ladrones” o “bandidos”, también en hebreo rabínico. Pese a todo esto, Jesús no fue ningún insurgente ni tampoco fue apresado.
Jesús voluntariamente llevó la cruz. Jesús eligió identificarse con el fanatismo mesiánico de su generación. Jesús se identificó con su sociedad que trataba de traer el reino de los cielos por medio del asesinato de colaboradores y tácticas suicidas en contra de las fuerzas de ocupación romana. Durante el siglo 1 DC Israel estuvo arrasado por una larga serie de ese tipo de pseudo-Mesías. La misma noche en que El fue traicionado, sus propios discípulos llevaban espadas listas para cortar gargantas romanas. La muchedumbre galilea que lo seguía esperaba que este obrador de milagros carismático fuese un mesías violento de ese tipo. Ellos esperaban que el Dios de Israel honrara la voluntad de este judío de morir por la Torah. No obstante, en lugar de retirar su candidatura, Jesús voluntariamente decidió ser un Mesías fracasado. El decidió confrontarse a los poderes de Jerusalén, los cuales tomarían su vida. Aunque no era culpable de ninguna insurgencia, Jesús se identifico totalmente con su Israel rebelde. El no abandonaría a su familia y amigos, no importaba cuan errados ellos hubieran estado con respecto a la forma en que Dios inauguraría su Reino. Jesús murió por los pecados de Israel al lado de los mismos culpables.
Como Jesús, los adventistas del séptimo día debemos permanecer con nuestros hermanos y hermanas en la fe, aún cuando nuestra familia esté equivocada. Yo debería decir, debemos permanecer con nuestros hermanos y hermanas especialmente cuando nuestra familia esta equivocada, porque ellos nos necesitan aún más cuando están extraviados. ¡Miren lo que Dios fue capaz de hacer por medio de Jesús, Pablo y los apóstoles, gracias a que ellos continuaron identificándose con Israel aunque ésta estaba equivocada! Debemos aprender a funcionar, aun dentro de esta familia disfuncional. Tratar de ayudar desde afuera no es realmente efectivo. Nosotros somos la levadura que levanta todo el pan; somos la sal que le da el buen sabor a toda la comida. Nosotros solo podemos efectuar un cambio de verdad desde adentro. Por sus propias razones inescrutables, Dios se ha comprometido a redimirnos dentro del marco de esta familia particular. Dentro del gran esquema de las cosas, este es nuestro lugar.
Este entendimiento de nosotros como una familia también tiene ramificaciones importantes con respecto a nuestro testimonio para con la comunidad judía. Como adventistas del séptimo día, no podemos presentarnos ante ellos como “Mr. Correcto”, porque ellos poseen una teología muy profunda. Junto con otros cristianos, los adventistas hemos estado apoyando la teología del fratricidio. Cuando la teología del fratricidio mato seis millones de judíos y muchos cristianos se detuvieron horrorizados por esto, los adventistas continuamos alegremente predicando el mismo y viejo mensaje de deslegitimización de Israel, como si las consecuencias éticas no significasen nada. Como mucho, solo podemos presentarnos a la comunidad judía como personas que fueron perdonadas.
De todas formas, ¿no es ese el mejor testimonio que podemos presentar: el pueblo perdonado por Dios? No solo Dios nos ha perdonado nuestros pecados individuales, sino que Dios también ha perdonado a toda nuestra familia averiada. ¡Nosotros le servimos a un Dios que puede perdonar el pecado institucionalizado!
No tenemos que excluir a nadie para poder ser amados. No tenemos que ser dominados más por nuestro miedo al rechazo. Por medio de nuestro Mesías, el Dios de Israel ha perdonado esta preciosa familia y hemos sido llamados a formar parte de su pueblo. Esto no significa que todos nosotros estemos en un camino de rectitud. Si nosotros, como adventistas del séptimo día nos arrepentimos de nuestro supersesionismo, ¡es Dios quien se encargará de cambiar completamente nuestras vidas! ¿Qué podría ser un testimonio más poderoso que el ver el poder transformador de Dios? ¿Que mejor evangelio le podríamos dar al pueblo de Israel? Si la Iglesia se arrepintiera, seguidamente llegaría el turno de Israel. La redención esta próxima a nosotros.



